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Resumen

05/11/2007

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y SELECTIVIDAD

 

Alberto Leidán:

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y SELECTIVIDAD

 

¿Qué vale mantener a un hijo mío hasta que se haga notario y saque el pobre las oposiciones de notaría? ¿Cuánto tiempo sin trabajar, sin traer un euro a casa, me cuesta una hija mía, que no es que estudie mucho pero la niña vale y quiere ser ingeniera de telecomunicaciones?


1.
Igual que hablan de democracia, las democracias hablan de igualdad de oportunidades. El sistema educativo, es (como la escritura en relación a la lengua oral, hablada) un sistema dependiente, en este caso: del mundo laboral, de los modos de producción y de la oferta y demanda de puestos de trabajo. La enseñanza no existe como educación sino como formación profesional. Nada que hablemos de igualdad de oportunidades se tiene al margen de la gran conversación: a quién se educa y para qué. Entonces hablaremos de selectividad y de las distintas selectividades.

Vivimos en un mundo capitalista (el capital por un lado, las fuerzas de trabajo por otro) con todos sus sinónimos en primer y último plano: la explotación del hombre por el hombre, que se traduce en plusvalías, cuentas de beneficio que van a dar al poderoso caballero don dinero. Vivimos en un mundo capitalista y, sin embargo, la inmensa economía que no sale al mercado laboral capitalista. Donde hay una pequeña propiedad familiar (cuatro palmos de tierra, un bar, un quiosco, un taxi), el capitalismo no se manifiesta más que como equivalente universal (en dinero). Al no salir al mercado de trabajo, esos puestos tampoco necesitan formación profesional. Oficios que se transmiten de padres a hijos, se aprenden por el viejo sistema gremial del aprendiz. Para estas familias, la educación puede serlo en el sentido puro de la palabra. Si mi hija y mi hijo, además de heredar mi tienda de librería y de aprender el oficio, saben orientar a su clientela sobre el último libro publicado, prosperarán mejor que el librero de al lado, pero en ningún caso se tendrán que ganar el puesto que ya tienen por cuna y por herencia. Lo cual no quita que el Estado cargue al pequeño autónomo de exigencias. Por ejemplo, que mi hija se licencie en farmacia antes de heredar la farmacia. Legislaciones municipales y europeas lo puede hartar a usted de papeles y requisitos para ejercer de taxista o para mantener una vaquería, pero el taxi y la leche de las vacas son de usted sin que el Estado lo discuta. (Hay que volver a los orígenes: El origen de la familia, de la propiedad privada y el Estado, de Federico Engels, en vigor desde 1884.)

Si la empresa autónoma gremial y la pequeña propiedad agraria sobreviven como fósiles posfeudales, de las actividades capitalistas cabe decir que no todas son por igual capitalistas. En el sector primario, extractivo de materias primas (minería, latifundismo, pesca), perduran formas de trabajo que no precisan la efepé del sistema educativo. Trabajos brutos que lo son (de fuerza bruta) se aprenden por experiencia, y no necesitan educación ninguna. Con que usted distinga la mena de la ganga, será usted un buen minero aunque usted sea un perfecto inculto. ¿Qué pasa con el servicio doméstico? ¿Cuántas mujeres han servido y sirven limpiando, elegidas precisamente por su baja formación?


2.
El sistema educativo tal y como ahora lo conocemos es pariente de la seguridad social y vino al mundo por fechas parecidas. En el capitalismo fabril y febril del diecinueve, ni educación ni sanidad eran nada. Si el niño, la mujer o el obrero enfermaban (se estropeaban), se les dejaba a su suerte, se ponía en su lugar otra pieza equivalente, y a la fábrica a trabajar. Por algo el proletariado, la prole numerosa, el ejército de mano de obra de reserva. Con el capitalismo financiero empezó la demanda de oficinistas y contables, peritos e ingenieros que dieran forma al monstruo y evitaran crisis como la terrible de 1929 que perjudicó seriamente la salud de quien no lo podía consentir: la propia clase capitalista. (Esto recuerda las plagas de Egipto, que el faraón fue soportando una a una, porque, total: él como príncipe estaba a salvo de bichos y de epidemias molestas. Hasta la décima plaga: muerte de su primogénito.)

Al margen de la nueva clase de burócratas y financieros están los dos motores de la investigación y, por consiguiente, de la formación profesional: el sector transportes y comunicaciones (aumentando la circulación del capital, aumenta el capital) y el sector militar (que garantiza la expropiación). El capitalismo necesitaba puentes y carreteras, máquinas para extraer del tercer mundo petróleos y materias primas, artefactos que no sabría manejar un paleto. Mientras tanto, la clase obrera nacional dio por buena su cuota de explotación, técnicos de cadenas productivas de élite frente a los trabajadores del sector primario, del tercer mundo y del cuarto, que podían seguir bajo mínimos. En caso de sublevación, no hay problema: se manda la sexta flota, carros de guerra sofisticados, bombas inteligentes.

A pilotos y técnicos que tanto costó formar, cuando se estropean, ya no se les tira a la basura proletaria. Ahora se les reparar para que vuelvan cuanto antes a su trabajo. Si ya teníamos ingenieros y militares, ahora tenemos médicos y, para formarlos a todos, profesores que vienen a unirse, desde primaria a la universidad, a la seguridad social y a ministerios bien llamados de defensa (defensa no de las patrias sino del orden establecido y de las plusvalías de una clase capitalista cada vez más sutil). Faltaba por último gobernar la polis de empresas, cuarteles, hospitales, colegios y autopistas. Hacía falta una clase política que, por así decir, se prestase y presentase a delegados de curso, partidos políticos para este juego de espejos que se llama democracia. Con ustedes: el siglo veinte. Como así dicho, queda un poco cruel, mantengamos también el milagro cotidiano, las teorías de la consolación: el gordo, el cuponazo, las iglesias y religiones que puedan seguir lavándole la cara a los faraones de este mundo. Por encima del obrero más o menos especializado ya tenemos: a un ingeniero, a un sacerdote, a un médico, a un profesor, a un militar y a un político (un rey es un político). A ver quién se mueve. Así dicen que ya no hay lucha de clases y que el marxismo está superado.

3.
Lo último en educación viene en cayucos y en pateras y le han puesto de nombre globalización. La incorporación de mano de obra súper barata puede hacer volver los tiempos proletarios. En habiendo mano de obra inmigrada, la formación profesional vuelve a no hacer tanta falta. El problema es que vivimos en un mundo subjetivamente cargado de derechos y ahora no es fácil restringir esos derechos, reconocer que la educación puede ser absolutamente prescindible. Desde Europa llegan instrucciones para recortar las carreras. Por un lado, porque la población inmigrada podría insistir en pedir niveles de buena vida que el capital no ve rentables, y por otro porque la sucesión de ingenieros y titulados superiores está más que garantizada. Yupis de empresas matrices, escuelas privadas y másteres posgrado garantizan esa sucesión.

Con que haya empleados de formación media capaces de manejar un ordenador, una exquisita mano de obra que ponga a punto de control de calidad productos bellamente fabricados o importados desde el tercer mundo; con que el yupi ejecutivo encuentre personal que lo sepa recibir en aeropuertos, hoteles y despachos; con que todos le hablen en inglés y acierten a sacarle por pantalla o impresora lo que quiera; con que no encuentre excesivos peligros de orden público que hagan difícil su trabajo y la reproducción del modelo, es más que suficiente.

Al lado de eso, de igualdad de oportunidades mejor hablamos otro día. Para empezar: ¿puede haber igualdad donde unos estudian por la pública y otros por la privada? La selectividad, se haga por junto o se haga por escuelas o facultades, poco tiene que añadir a un modelo básicamente desigual. Tampoco hay mucho que esperar de las becas. Si acaso entre grupos sociales de igual poder adquisitivo, entre jóvenes de parecidas expectativas, de entre esas pequeñas bolsas de proximidad, puede que el sistema acierte y dé estudios y carrera a quien más se lo merecía.


Alberto Leidán: Igualdad de oportunidades y selectividad. Eltendedero, 05.11.07

05/11/2007 17:03 Autor: fororedes. foro_redes.




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